In Ansiedad, Relaciones, Superación personal

Nuestra dependencia de amor, nos lleva a cuestionarnos continuamente nuestros valores como persona, nos hace vivir en carencia, con miedo, en tristeza absoluta y sin fuerza vital para el día a día. Es un desgaste emocional profundo que deja un halo de secuelas las cuales en ocasiones, toma «personajes» como ciertos para recibir amor. Como por ejemplo la figura de un hijo.

Por eso, a veces es necesario hacerse estas duras pero necesarias  preguntas:

¿A qué lugar viene un hijo?

¿Es justo qué venga  a cubrir una necesidad?

La respuesta es NO.

Recuerda que tu  proyecto (hija/o) va a tener entidad propia y tu necesidad de amor/control no puede tenerle atado para siempre, va a tener su vida propia.

¿Eres consciente del protagonismo de tu EGO?

Sé que estas preguntas te pueden impactar, sigue leyendo por favor y al final las podrás responder.

Hay madres que secuestran a sus hijos emocionalmente. Manifestando que protegen a su hijo/a pero en su inconsciente es un sentimiento de posesión pues “yo te parí y eres mío”.

Si, te parecerá fuerte lo que te expongo, pero en la consulta ya he atendido a varios casos de personas (mujeres y hombres) que han descubierto la presión y manipulación por parte de la madre, cubriendo ésta un egoísmo inconsciente por sus necesidades y carencias no reconocidas

En ocasiones la figura paterna queda desvalorizada pues mamá no le dio su lugar y reconocimiento. La mujer-madre tiene que permitir el acercamiento del padre hacía el hijo/a. Que el hijo/a acepte al padre es misión de la madre y depende en gran medida del Discurso Materno pues este afecta a nuestra infancia y al resto de nuestra vida.  

sola, con carencias emocionales

sola, con carencias emocionales

 

La construcción del personaje o

en quién nos convertimos de niño a adulto.

La niña o niño que no fue amado de verdad, esa carencia la arrastrará toda su vida hasta que sea consciente de ello y como adulto acepte y aprenda amarse así mismo. Esta carencia la reclamará en cada etapa de su vida. De niño en la escuela, de joven con los amigos, un poco más mayor con la pareja.  Necesitando y buscando cuerpo de apoyo compulsivamente.

La figura materna limpia, sin complejos ni bloqueos o creencias limitantes, es primordial y esencial en los primeros años de nuestra vida. La figura paterna en esos años es sembrar la semilla que necesitaremos a partir de los últimos años de la infancia, juventud e inicios de la adultez.

Tampoco como madre o padre, dejar de sentiros culpables ni sentir miedos.

Como adultos debemos meternos en el dolor de la infancia que hemos tenido para reconocer cuanto desamor recibimos, cuanta entrega y cuanto desamparo; y abordar la distancia entre nuestro ser esencial y el personaje que construimos para defendernos ante el mundo.

La infancia es el tiempo de recibir

La juventud es el tiempo de experimentar y explorar, de cuestionar al adulto.

La adultez es el tiempo de dar, de derramar amor.  

Muchas veces llegamos adultos con carencias emocionales desde la infancia y seguimos pidiendo recibir, de ahí que nos enfadamos cuando no recibimos lo que deseamos o añoramos. Saliendo nuestra rabia, ira e indignación por NO recibir.

 

Me gustaría hacerte esta pregunta:

¿En quién te has ido convirtiendo con tantas heridas que llevas en tu interior?

  • En una persona desconectada de su esencia (mujer u hombre)
  • En una madre o un padre exigente

  Tu salida es construir un personaje que te va a salvar.

Mamá dicta un guion y construye un personaje para ti (inconscientemente) tú lo aceptas como algo tuyo propio. Y lo unes a la energía que traes de nacimiento.

El personaje es quien crees que eres tú, aquello en que te has convertido, con determinados mecanismos que te ayudaron a sobrevivir en tu infancia. Cada personaje tiene un guion que defiende o desprecia de acuerdo a su personaje. Personajes que tomamos como ciertos para recibir amor.

Mamá decreta atributos y percibe la energía del niño, lo viste con un disfraz y solo lo ve desde allí y según sus valores. Por ejemplo, eres el bombero de mamá y ésta cada vez que tiene un problema estas tú para cuidarla. De niño, si mamá está preocupada vas y la calmas y la das mimos besitos, la dices “te quiero mucho” y la preguntas ¿Qué te pasa mamá? Te ríes para hacerla reír. De adulto cada vez que mamá le ocurre algo llama a su niño o niña para que se lo arregle.

Puede que esto que te estoy diciendo te sorprenda, entonces te invito a revisar, poniéndote gafas transparentes y responder:

                                                           ¿Cómo actúas con tu madre?

Mamá nos va poniendo un personaje y creemos que tenemos que cumplir fielmente con ese personaje

Personajes que tomamos como ciertos para recibir amor.

Personajes que tomamos como ciertos para recibir amor.

El personaje nos da refugio y actúa en automático.

La adolescencia es un segundo nacimiento y en ocasiones en vez de un renacimiento lo que ocurre que se refuerza ese personaje reforzando esa enfermera, cuidador, bombero o policía de mamá. Desde este personaje nosotros nos sentimos amados. Por eso lo aceptamos con agrado pues al actuar como ese personaje recibimos amor. Yo a este amor lo llamo mendigar amor, pero es con el que hemos crecido y estamos acostumbrados a él y por eso lo normalizados y esta forma de mendigar amor la consideramos normal.

Si de niño siendo bueno he sido amado siempre seré bueno para ser amado. Si de niña siendo traviesa era amada, seguiré siendo de adulta traviesa para ser amada. Reconocer ahora el personaje que hemos aceptado es duro y cuesta pues ya no lo reconocemos como personaje pues le hemos dado nuestra identidad. Nos consideramos que somos así y NO es cierto.

Es decir, sostenemos el personaje porque fue funcional a una lógica familiar donde nos sentimos queridos. Personajes que tomamos como ciertos para recibir amor. Lo que llamamos: nuestra zona de confort. Pero mantenernos en esta zona de confort poco a poco nos va aniquilando como persona. Pues ahí estas en tu bucle, perdido en ti mismo.

Sin saber y preguntándote:

  • ¿Qué me pasa?
  • ¿Quién soy yo?
  • ¿Cuáles son mis dones?

Nombrar las dolencias de la infancia es reconocerlas para poderlas transformar y sanar.

Vamos por la vida como el elefante encadenado. De pequeño le atan la pata y no puede moverse libremente y cuando el elefante es grande sigue atado a una estaca, creyendo que no se puede mover, sin cuestionarse su fuerza ni por qué se mantiene ahí. Cuando para otras cosas si manifiesta su fuerza, acarreando con mucho peso.

Estamos desconectados de nuestro poder personal. Nuestro Ser es muchísimos más amplio que nuestro personaje. Personajes que tomamos como ciertos para recibir amor.

Hemos de revisar el programa que hemos creado en nuestra infancia para restructurarlo o rearmar uno nuevo de acuerdo a nuestro poder personal, a nuestra esencia, a nuestro Ser.

No estamos destinados, estamos adiestrados o programados. Conectar con nuestra tristeza, dolor, rabia… para destapar y habilitar los recursos que hay en ti que de niño se taparon.

En muchas ocasiones nuestros hijos nos despiertan, son como espejos nuestros, como no lo vemos en nosotros, ellos hacen de nuestros dobles o espejos para poder reaccionar y transformarnos para bien nuestro y de nuestros hijos. Pues recuerda, lo que sanas en ti sanas en tus hijos si son niños. Si son ya jóvenes entonces les ayudas en su transformación.

Aquello que me molesta en mis hijos y/o en otras personas es aquello que yo no he visto en mi.

He de decirte, que para nada has de engancharte en la culpa (entrar en el juego del victimismo, NO) sino todo lo contrario, dar paso a tu transformación, pues te hace libre, ahora que ya eres consciente de ese personaje creado en ti desde tu niñez y como te ha ido manipulando y ha provocado ser manipuladora.  

 

Pasa a la acción:

  1. Sacude la culpa y pregúntate: ahora que lo vi ¿qué estoy dispuesto hacer?
  2. Da paso a PERMITIRTE fallar y acertar, la transformación se hace tomando acción.
  3. Se FLEXIBLE contigo, ya es hora de mimarte y dar amor.
  4. Ser SINCEROS con nosotros y con nuestros hijos.
  5. RECONOCER tus miedos te permite creer tú y tus hijos.
  6. Ser INCONDICIONALES con vuestros hijos desde la sinceridad pase lo que pase, aunque no nos guste, o rompa con vuestras expectativas, vais a estar ahí.

Hemos de ser adultos conscientes y responsables y reconocer que partes de las situaciones o circunstancias de los hijos no son tanto de ellos, como que están más ligadas al niño o adolescente interior del adulto. Esto hará soltar presión en los niños o jóvenes. Y estos cambiaran algunas de sus actuaciones.

Aprender amarnos y desde el amor permitiremos al otro ser quien es.

Tomar conciencia de las necesidades emocionales y sentimentales humanas desde edades muy tempranas nos ayuda a vivir de una forma mucho más armónica y feliz.

Lidiar con todo lo que te he hablado en soledad es una gran carga, pues no sabes por donde empezar. Te ofrezco mi ayuda profesional como coach experta en dependencias emocionales y una de mis titulaciones académicas por la universidad es experta en educar en la NO violencia. Estoy encantada de ayudarte. https://www.coachensevilla.es/coaching-para-ninos/  https://www.coachensevilla.es/programa-entiendes-que-te-ocurre/

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