In Calidad de vida, Superación personal

Fuerza de voluntad como palanca del cambio

Mejorar la alimentación es uno de los objetivos más frecuentes año tras año (como aprender inglés o apuntarse al gimnasio…). Y más cuando acabamos de salir de unas fechas en las que tradicionalmente se tienden a cometer excesos con la comida (muchas veces acallando al Pepito Grillo que llevamos dentro, con la promesa de alimentarnos mejor a partir del 1 de enero).

De hecho, según un estudio hecho público en plena Navidad, basado en los datos de una muestra de 200.000 personas recogidos a lo largo de cinco años, los españoles ganan cada Navidad entre dos y cinco kilos de media (1,8 kilos las mujeres y 4,3 los hombres). La culpa la tienen los compromisos (con una agenda llena de comidas concentradas en unos pocos días), la gastronomía típica navideña (mucho más calórica de lo habitual) y el alcohol (con muchas calorías y pocos elementos nutritivos).

Perder el exceso de peso y alimentarse mejor son buenos objetivos (más que buenos: esenciales) y, sin embargo, en tantísimos casos abocado al fracaso. Y es que para muchos suele surgir como reacción a los desbarajustes y excesos del último tramo del año, y por eso se obligan a tomar insípidas comidas e insulsas ensaladas, un programa imposible de mantener y que al poco tiempo acaba terminando en un rotundo fracaso.

Quien me lea se está dando cuenta poco a poco de la necesidad de tomar las riendas de su propia vida. Los cambios que perduran en tu vida son fruto de ideas y conocimientos que han calado en tu interior, que te han convencido no en un instante, sino en tu YO más profundo; salvo contadas excepciones, esto es así.

Cuando uno se enfrenta a una idea nueva, a una nueva oportunidad, por mucho entusiasmo que crea tener, ese entusiasmo será más débil al día siguiente, más aún el día de después, y acabará muy probablemente por desaparecer tras unos días o semanas. Por el contrario, quienes de verdad cambian y se mantienen firmes en sus propósitos son quienes se han empapado intensamente y a lo largo de un cierto tiempo de los hechos que demuestran que es necesario cambiar. Y es que el trabajo se hace en el subconsciente.

Tengo muy claro que somos lo que comemos. Si en nuestra alimentación nos atiborramos de productos industriales, de aditivos químicos, de alimentos para los que nuestro organismo no está preparado, de productos indigestos… es inevitable que desarrollemos intolerancias, desajustes, carencias… Las plagas de obesidad,  alzhéimer,  problemas digestivos,  diabetes,  alergias y  cáncer, entre otras, no son fruto de la casualidad. Y es absurdo que luego pretendamos que se solucionen a base de fármacos y más fármacos. Prueba de ello, pese a que la industria farmacéutica está, supuestamente, realizando más avances que nunca, los grandes males en cuanto a salud siguen campando a sus anchas entre las poblaciones más avanzadas.

¿No sería lógico que cada uno de nosotros proporcione a su organismo los nutrientes que necesita y deje de darle lo que le perjudica?

¿No es más razonable adoptar desde el convencimiento interno hábitos de vida en coherencia con el bienestar de nuestro cuerpo?

Un paso adelante

Quizás en tu subconsciente, algo te dice que ha llegado el momento de dar un paso al frente a favor de tu salud. Empieza el año apostando de verdad por ella. No dejes que quede en un simple deseo de año nuevo que se desvanece a medida que pasan las hojas del calendario, empieza a actuar hoy mismo.

Estarás invirtiendo en los cimientos de una salud óptima. Y no solo en la tuya, sino también en la de tus seres queridos. A mí me gustan los buenos propósitos, lo reconozco. Claro que no los del tipo «apuntarme al gimnasio, aprender inglés, adelgazar,  dejar de fumar».  Y no porque no sean unos buenos objetivos en sí mismos, sino porque así planteados son tan buenos como efímeros y, con el paso de los días, se disolverán como azucarillos en agua. Cuando llegue 2019 a su fin, quien así se los planteó probablemente estará en el mismo punto en su nivel de forma física, conocimiento de idiomas, peso y consumo de tabaco.

Y, lo que es peor, con una aguda sensación de fracaso, pues no lograste nada de lo que se había planteado como prioritario. Un aspecto a tener en cuenta es el compromiso que contraes contigo cuando te planteas alcanzar un propósito, al no conseguirlo estás fallándote a ti. De ahí que tu autoestima empiece o continúe bajando, y cada vez desconfiarás más en ti y en tus posibilidades de conseguir algo de lo que te propones. Es decir,

                                            TU PALABRA NO TENDRÁ VALOR.

Plantearse buenos propósitos es innegablemente positivo, pues quien lo hace demuestra que quiere avanzar, que es consciente de que hay aspectos mejorables y que su máxima ambición no es quedarse como está, sino mejorar su vida, avanzar y progresar.

Mi consejo al plantearse propósitos es que estos sean lo suficientemente ambiciosos como para lograr cambios sustanciales en la vida, pero que a la vez sean metas alcanzables y realistas. Y que vayan acompañados de un plan de acción. Si uno se plantea como propósito llegar al verano con un cuerpo de top model, está claro que eso no es un propósito, sino un deseo o un sueño, casi tanto como si se hubiera marcado como propósito que le toque la lotería.

Los propósitos que funcionan, además de realistas y alcanzables, exigen un compromiso con uno mismo para lograrlos. Y ese compromiso no se alcanza con un simple deseo, sino que hace falta UNA GRAN MOTIVACIÓN para ser capaces de cumplir con nosotros mismos. Hace falta que por dentro, en nuestro interior, haya habido un trabajo de fondo que ponga a todo nuestro ser, a nuestra voluntad, a trabajar para alcanzarlo.

Pautas de alimentación que sí funcionan

Si yo le digo de pronto a alguien, sin conocerme de nada, lo mejor para su salud en este año que comienza, mucho más eficaz que cualquier otra cosa que se plantee, es plantearse un plan de acción consistente en: 1. Rebajar drásticamente su consumo de azúcar y de hidratos de carbono (incluidos los complejos, como los cereales integrales). 2. Incrementar su consumo de alimentos crudos de calidad. 3. Evitar los refrescos. 4. Dejar de consumir productos industriales. 5. Perder el miedo a las grasas saturadas «buenas». 6. Aumentar el uso de hierbas y especias en la cocina.

Puede que a ese alguien no le va a sonar a «buen propósito». E incluso habrá quien le parezca poca cosa. Con lo cual, ni siquiera lo cumplirá, pues no entenderá las razones de fondo incluidas en cada uno de esos puntos y acabará volviéndose a echar tres cucharillas de azúcar en el café del desayuno, a comer hidratos sin límite (pensando además que son buenos) y a no limitar el consumo de refrescos, bollería y productos industriales (creyendo, además, que son sanos por ser light). Sin embargo, los pondrá en marcha quien esté convencido de sus beneficios.

En esas pautas se concentran algunas de las claves de la buena salud, incorporándolas a nuestra vida y haciéndolas hábitos de alimentación, logran por sí mismas, casi sin hacer nada más, que quien las lleva a la práctica mantenga un peso óptimo y se encuentre francamente mejor.

Para los que piensen que implementar todas estas pautas son muchas de golpe (y lo es) yo invito a escoger UNA, la que parezca más sencilla y llevarla a cabo. Después de 3 semanas el cerebro ya estará tomando el  habito de ella y es el momento de incorporar la siguiente pauta y así sucesivamente.  Y como siempre se ha dicho incorporar una actividad física es muy saludable, también de forma suave, muy poco tiempo, incluso 15 minutos diarios la primera semana y poco a poco ir incorporando intensidad y/o más minutos

Espero que mi escrito te haga reflexionar y deseo que tus propósitos para los 365 días del año los lleves a la ACCIÓN.

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